Profesor Titular de Urbanística y Ordenación del Territorio. Universidad de Sevilla
Igual que el año pasado, con Víctor, Luís Antonio Cano y Antonio García, hemos acordado reunirnos para reflexionar sobre las consecuencias del descontrolado crecimiento que continúa, no solamente en el Aljarafe sino en todos los municipios de Sevilla Metropolitana.
Como veis, se trata de repetir un ejercicio académico trans-disciplinar con la finalidad, primero, de ampliar la comprensión del patológico crecimiento urbanístico en todo el territorio español debido a las demandas de un crecimiento sostenido de la economía inmobiliaria global; y, segundo, con el fin de conocer los resultados de la participación preactiva de los ciudadanos organizados
La insostenible forma dispersa de ocupación del suelo en la Sevilla metropolitana, es la iteración final de aquella que, por rentabilidad puramente financiera, se inicia en Estados Unidos, se adopta en Europa a partir de la década de los ochenta y, en España, en la de los noventa. Esta patología urbanística, silenciosamente, comienza a preocupar en Sevilla desde hace años pero, escandalosamente, a partir de este año cuando se ha puesto en evidencia que, muchos de esos crecimientos, están contaminados por la especulación y por la corrupción.

Repetidamente he dicho que, en una economía de mercado libre, la especulación no puede ser tipificada como un delito ni desaparecerá porque es connatural al capitalismo. En nuestra legislación, delito es incumplir la Ley, es decir cualquier Plan de Ordenación del Territorio legalmente aprobado y vigente. El punto neurálgico, por lo tanto vendría a ser, más allá de la formalidad administrativa, cómo, cuándo, dónde, quién y con qué contenidos se aprueba el Plan de Ordenación (POTA, POTAU, PGOU)
Un Plan es uno de los instrumentos que garantizan los derechos sociales. Éstos se enriquecen con las limitaciones de los derechos individuales absolutos sobre la propiedad del suelo. El propietario puede construir sobre su parcela en los términos que señala el Plan, no en otros. Así las cosas, aprobar un Plan es un asunto muy serio y de trascendental importancia porque afecta a la propiedad privada y a la vez protege los derechos sociales, es decir, de todos. Porque resulta que la ciudad no es la simple agregación de parcelas y edificaciones de propiedad individual sino que son parte del escenario vital de las procesiones de Semana Santa, de las Ferias, de los desplazamientos que hacemos para recoger a nuestros niños de la escuela, para trabajar y para amar, para ser solidarios.
La ciudad es la casa de todos, de la sociedad. El Plan es el proyecto para construirla. Por ello, no debe construirse solamente satisfaciendo la demanda de los edificadores sino de la sociedad, de todos sus habitantes, de todos sus dueños y dueñas, de todos nosotros.
En esencia, así ha sucedido desde hace más de dos mil años que en Europa se construyen ciudades. Sin embargo, desde hace 33 años, el neocapitalismo ha cuestionado incluso la misma definición clásica y la existencia de la ciudad. La sociedad no existe dijo la señora Tacher y las Leyes del Suelo solamente sirven para dificultar la libre empresa y distorsionar el mercado, concluyó, antes de iniciar la “desregulación” del Planeamiento. Aznar quiso aproximarse lo más posible a dicha declaración e, inmediatamente reformó la Ley del Suelo bajo un principio: todo suelo no protegido es urbanizable. Fue la pitada inicial de la carrera desbocada de los actuales megaescándalos urbanísticos.
En esta situación nos encontramos. Dentro de la Universidad continuamos trabajando sobre este tema. Al mismo tiempo, la acción de varias organizaciones ciudadanas ha posibilitado la consecución de algunos resultados que, precisamente en forma sintética conoceremos hoy.
Las conclusiones de este Seminario serán publicadas en el blog que un grupo de mis estudiantes a quienes agradezco especialmente, han iniciado con el nombre de Sevilla.seminarios.
Os agradecemos a todos.


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